sábado, 21 de julio de 2012

Fascinante y siniestra: la condesa de la Muerte



Uno de los personajes más fascinantes y siniestros de la historia, Erzsébet Báthory, ha contribuido a alimentar, entre bambalinas, el mito del vampiro. Y no pudo ser de otra forma, porque el candidato número dos al papel de Drácula ( ya que el primero, por supuesto, es Vlad, el empalador) era una mujer, y la Historia, cumpliendo con su inevitable deber sexista, durante mucho tiempo la mantuvo en silencio.

Vlad Tepes (el empalador), también conocido como Drácula

¿Qué hizo tan notable? Elizabet o Isabel, como prefieran llamarle, en los años que van de 1604 a 1612 asesinó, de las maneras más horribles, a más de seiscientas treinta jóvenes en el castillo de Čachtice, corazón de su inmenso feudo en Transilvania. Se cree que lo hizo para beberles la sangre, para vertérsela encima como un ungüento contra la vejez, por placer sádico, o porque simplemente podía hacerlo, ya que provenía de una de las familias más ricas de Hungría y por lo tanto gozaba de inmunidad. Una familia que lucía un escudo de armas consistente en tres dientes de jabalí, de plata, sobre un campo de gules. Recordemos que en la heráldica el jabalí simboliza la intrepidez bélica, y el esmalte de gules se asocia al dios Marte, soberano de la guerra.


Escudo de Erzsébet Báthory
 A los once años ya estaba prometida con un primo y se desposó con él teniendo ella solo quince y el veinte años. Ella tenía una cultura realmente deslumbrante, si la miramos a la luz del momento histórico. Había recibido una educación esmerada y hablaba con fluidez, además de su lengua, el latín y el alemán, en un mundo donde la mayoría de los nobles no sabía ni leer ni escribir. Su sangre era tan alta que su esposo asumió su apellido, que ya habían llevado varios príncipes y un cardenal. De Ferenc Nádasdy tuvo a sus cuatro hijos, pero no se vieron demasiado porque el Caballero Negro de Hungría se pasó la vida de batalla en batalla y largó el espíritu en una de estas, a los 44 años. 
Aquí empezaron los problemas políticos de Erzsébet. Y también los otros, que seguramente ella no entendió como problemas dada la relajada visión que en la época se tenía del derecho a la vida de las clases sociales más bajas. La unión de sus padres, consanguínea, pudo haber sido la raíz de su desbordada conducta, o quizás fue su epilepsia, o simplemente la soledad. Pero a mi juicio, bastante modesto en estos temas, fue un cóctel de todo esto, un cóctel batido por la mano enguantada y basta del medioevo, tan afecta a las torturas, ejecuciones, matanzas, persecuciones de brujas y escarmientos de todo tipo.    
En los archivos húngaros se conservan muchos documentos sobre ella, sus cartas personales y las actas del juicio al que se le sometió. El encargado del proceso fue el conde Jorge Thurzó, su primo y enemigo, nombrado por el rey investigador general, que llegó al castillo de la muerte el 30 de diciembre de 1610.  Ella no asistió al juicio, dado que sus privilegios nobiliarios se lo permitían. Y solo se le tuvieron en cuenta las acusaciones donde ella y sus sirvientas, ángeles de la muerte, se ensañaban con jóvenes de la nobleza; las otras muertes --criadas, campesinas-- simplemente no contaban.
Todos los que la acompañaron en sus crímenes terminaron en cenizas: a Helena, Dorotea y Piroskalas, las  brujas, las quemaron vivas; Ficzkó, uno de sus criados, fue decapitado y quemado posteriormente. Y la misma suerte corrió Erzsi Majorova, que era una mujer acaudalada pero sin pedigrí. Erzsébet era intocable y no pudo ser procesada. Pero le esperaba un final terrible ya que fue emparedada en su habitación y allí vivó sin ver el sol durante cuatro años, hasta que fue encontrada muerta a los 54 años de edad.
Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país. El diario que se dice Erzsébet llevaba, y su célebre retrato desaparecieron. 

Ella

Este es el retrato, o al menos un detalle de él, y no me imagino qué valor pudiera tener en el mercado si apareciera, porque la condesa, la solitaria, se ha vuelto para muchos un fetiche. 
Quizás la mayoría recuerde la pésima película donde Julie Delphi la interpretó, hace pocos años. Yo escuché la primera mención suya en el poema-ensayo que le dedicara Alejandra Pizarnik, que sí es muy bueno, y por eso les pongo un fragmento. Un fragmento que habla de la compleja relación de la condesa con su espejo: 
 
Julie Delphi como Erzsébet Báthory
Vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma...Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o -sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos.

El formidable Julio Cortázar, otro argentino, le dedica su novela 82 modelo para armar y ya Valentin Penrose, una escritora francesa, la había inmortalizado en Erzsébet Báthory la Comtesse sanglante. En Cuba solo conozco que la hayan tomado como asunto literario dos escritoras, pero supongo que existan más devotos. Yo misma le dediqué el poema titulado “Una tela sobre el bosque” y Anisley Negrín, excelente narradora devenida poeta, le regaló a la nocturnal figura de la condesa dos excelentes libros. Y aprovecho para poner un texto del libro de Anisley, titulado Mundo Báthory, que mereció un premio en 2010. Otro día, con calma, les pondré mi poema, que es bastante largo.

una piscina que si me acerco es de sangre

a propósito de un verso de reina maría rodríguez

   un hilo rojo
   rodeo tu cuello con la hebra
   simulo tontamente tu asfixia
   río
   ríes
   reímos
   lees el libro de esa mujer que tanto te gusta
   mientras coso el roto del cojín
   mientras fijo no ecucharte leer a esa mujer que tanto te gusta. una aguja de plata
   busco tu dedo con forma de alfiletero cuando acabo con el cojín / huyes / gritas / blasfemas /
   recitas en voz alta el poema de esa mujer que tanto te gusta
   mientras yo te persigo
   mientras busco tu dedo para clavar mi aguja. unas tijeras
   aprieto las tijeras con mi mano derecha
   te tomo por el brazo con mi mano izquierda
   hago por encajarlas en la carne
   en la parte más blanca de tu cuerpo
   algo debo hacerte cuando no me dejas hacerte nada
   da igual si mueres
   da igual si las tijeras dejan sus orejas / solo sus orejas/ fuera de ti
   de lejos no se avista lo que esconde la tina
   de lejos la tina es blanco porcelana
   el baño inmaculado
   despacio
   acomodo el cojín y me siento
   a esperar que la tina se llene. 

Sobre la condesa pueden leer en muchos otros sitios, así que les dejo. Y no los dejo solos sino con Janis Joplin, otro mito, que no tomaba sangre humana pero lucía como si lo hiciera, y que se gastó demasiado joven porque ardió como una vela por las dos puntas. 
Ya hubiera querido la condesa tener esta voz. Se hubiera entretenido mucho...

El castillo de Čachtice, el castillo de la Muerte