martes, 24 de julio de 2012

Cilindros de barbero o la nostalgia.


Durante años he guardado la memoria de aquel tubo de cristal que en la barbería de la Calle Colón alternaba las listas azules con las blancas y rojas, creando la ilusión de que giraban. Como ha desaparecido no tengo a dónde señalar para preguntar qué es –o más bien qué era–, ni cómo se llamaba aquella señal preciosa que lucía como la imagen debajo, y que encendía mi infancia cuando me la encontraba al anochecer, regresando a casa.

Poste de barbero, caramelo, cilindro, tubo de barbería, pirulí
Y he aquí que he encontrado la respuesta: se llama poste de barbero, caramelo, cilindro, tubo de barbería, pirulí, como prefieran, pues esta joya que no tiene un nombre único sí conserva su inmenso poder evocativo. Buscando y buscando llegué a un foro donde decenas personas preguntaban dónde se fabrican o cómo se puede tener uno. Toda esta gente tampoco sabía a derechas su nombre, pero sí que encontrarlo en el camino era signo inequívoco de que se entraba al reino único de las barberías y las peluquerías.  
Y también me encontré este excelente post, que no por gusto se llama El poste de barbero, que explica el enigma de su origen y lo cito:



El famoso y tradicional poste de barbería o "barber pole" (cilindro con tres colores en trazado helicoidal) parece tener su origen en la antigua Edad Media. Los colores originarios se cree que sólo eran el rojo y el blanco. El trabajo original del barbero no se limitaba a lo que en nuestra historia reciente conocemos, sino que también se ocupaban de otras tareas más "médicas", como por ejemplo las extracciones dentales (sacamuelas), la aplicación de sanguijuelas y otras cirugías de mayor o menor envergadura. En sus lugares de trabajo, los barberos colocaban en el exterior las vendas y gasas que usaban en sus trabajos (a modo de los tradicionales toalleros de barra), diferenciando para ello un palo rojo para las usadas y manchadas de sangre y otro de color blanco para las ya limpias, para que el aire y sol las secaran. A veces, el efecto del aire daba a esas gasas reliadas en el palo un deslizamiento característico de forma helicoidal, y de ahí que se fuera con el tiempo adoptando ese característico símbolo rojo y blanco que con el paso del tiempo se adoptó como el peculiar identificador de las antiguas barberías. Un símbolo muy útil en épocas en las que el analfabetismo era mayoritario y suponía un perfecto reclamo para el pueblo llano.
Pisos ajedrezados
Investigando un poco sobre el asunto, he encontrado otra versión sobre el tema del color azul en el poste de barbero, y que cuenta que en la Inglaterra del año 1745 hubo una escisión en el Venerable Gremio de Barberos (fundado en 1308) creándose la Sociedad de Cirujanos, para finalmente convertirse en 1800 en el Real Colegio de Cirujanos. La separación de ambas profesiones, derivó también en la obligación de definir sus símbolos, quedando el rojo y blanco para el recién creado Colegio de Cirujanos y sus miembros, y pasando a añadirse el color azul para los barberos, cuyas funciones laborales se empezaron a limitar a las conocidas por nuestras últimas generaciones.

Luego de buscar los postes de barbero por las ciudades que tenido la dicha de conocer, me he dado cuenta de que ya no existen. O al menos en Cuba se han perdido. Con los caramelos de barbería se me fue un poco de la gracia que adornaba las tardes y las calles. Por suerte en la Habana se ven en algún que otro establecimiento rescatado por la Oficina del Historiador de la Ciudad. 
Y ahora me queda otra magnífica pregunta. ¿Y por qué eran ajedrezados los pisos de las barberías? Me refiero, por supuesto, a los mosaicos blancos y negros que conformaban este elegante tablero de ajedrez. Creo que por nada en especial salvo la belleza misma. Por las pequeñas cosas que ayudan a vivir.  

La nostalgia