sábado, 14 de abril de 2012

Castillos y giraldas

Moderna Isabel

Este es el Morro de Santiago de Cuba y no el Castillo de la Fuerza, pero qué más da si la memoria terminará uniendo los castillos que vimos —o soñamos— en un paraje único y revisitado. Y esta no es la foto del poema: la foto del poema es también ahora patrimonio exclusivo de mi memoria.

La Giraldilla
El Castillo de la Real Fuerza fue terminado de construir en 1939 por Hernando de Soto para guardar los navíos que venían de las Indias. Poco tiempo después el Adelantado se fue a buscar, entre otras cosas menos importantes, la Fuente de la Eterna Juventud y dejó atrás, según cuenta la tradición, a su esposa Isabel de Bobadilla, que lo esperó durante años enteros mirando la bahía desde su castillo-vivienda. Hoy Isabel de Bobadilla es el símbolo de la Habana. Un excelente fundidor y escultor del siglo XVII se inspiró en ella para realizar una figura de bronce que colocó, a modo de veleta, sobre una torre de la Fuerza. La figura original es celosamente cuidada en el Museo de la Ciudad y al igual que su réplica mide 110 centímetros y representa a una mujer vestida a la usanza del renacimiento español y con la Cruz de Calatrava. La primera vez que vi a la Giraldilla —que así se llama la estatua— no fue en su emplazamiento sino en el Habana Club. Las hermosas botellas del conocido ron cubano y los removedores de hielo que llevan su efigie deslumbraron mi infancia.  
Yo escucharía el tema Habáname del cantautor cubano Carlos Valera, pero quien puede resistirse a Fresa y chocolate del gran pianista y compositor José María Vitier...  

                            Retrato junto al Castillo de la Fuerza


Donde debió estar el otoño de 1999 
esa foto.
Ella miraba hacia nada suavemente.
Pudo ser más que una foto
un miniado camafeo,
una joya mineral equilibrándome el pecho.
Sin embargo, una foto.