martes, 1 de mayo de 2012

La Generosa

Santa Clara, ciudad circular como muchas de las que al interior de Cuba anidan en un parque, tiene algo que no tiene el resto. Si me preguntan qué es, yo diría que la soñó Marta Abreu de Estévez, La Generosa, una mujer que pareció salida de los cuentos, infinitamente rica, heroína romántica, patriota. Sus ideas de progreso y su cultura refinada, bebidas en Estados Unidos y Europa, cristalizaron en la donación de grandes sumas de dinero a las obras de caridad y a la independencia.
Mi ciudad, que es la ciudad de Marta

Al costo de 150 mil pesos vio levantarse a sus expensas el teatro La Caridad, cuyas ganancias sostenían al Asilo de Ancianos, que también le debía su fundación. La noche que inauguraron este magnífico teatro, los santaclareños tendieron una alfombra desde su casa hasta las puertas del teatro y hasta allí la acompañaron.  
Los niños negros aprovecharon la escuela Gran Cervantes, y los físicos el modernísimo instrumental conque dotó al Observatorio Astronómico Municipal. Los bomberos vieron edificarse su cuartel y para atender a los niños pobres se aprovecharon los instrumentales que donó al dispensario El Amparo. Junto a sus dos hermanas aportó el dinero que levantaría las escuelas San Pedro Nolasco y Santa Rosalía, a las que dieron los nombres de sus padres, también benefactores. 
En 1895, Marta Abreu dotó a Santa Clara de una planta eléctrica para el servicio público, y apiadada del áspero lavado de las mujeres a la orilla del río construyó cuatro lavaderos públicos para los que tomó como modelo uno que admiró en Suiza. También financió la construcción de la línea férrea desde Encrucijada hasta Santa Clara y la terminal de trenes, que aún existe.
Luego de la revolución del 24 de febrero de 1895, Marta y su esposo, el abogado matancero Luis Estévez y Romero, también filántropo y patriota, salieron de Cuba hacia Europa, donde solidaria con el destino de su país realizó una importantísima donación a la guerra organizada por Martí. Allí afirmó: "Mi última peseta es para la República, Y si hace falta más y se me acaba el dinero, venderé mis propiedades; y si se acaban también, mis prendas irán a la casa de venta. Y si fuera poco, nos iríamos a pedir limosna por ella. Y viviríamos felices porque lo haríamos por la libertad de Cuba". 
También se cuenta que firmaba sus confidencia bajo el nombre de Ignacio Agramonte. Y cuando se enteró de la caída de Maceo, el cable que le envió a Estrada Palma decía: "Diga si es cierta la desoladora noticia. cuente diez mil pesos. Adelante". Y abajo firmaba: Ignacio Agramonte. Máximo Gómez, por entonces ya Generalísmo, afirmó que Marta Abreu no merecía unos grados menores que los que él mismo ostentaba. 
Acompañado del júbilo de su pueblo, el matrimonio regresa a Santa Clara y Luis Estévez fue electo en 1902 vicepresidente de la República, cargo al que renunció ante los desmanes de Estrada Palma. 
La Generosa murió en París en enero de 1909 de una apendicitis. La operó el saguero Joaquín Albarrán, su amigo íntimo y uno de los más reputados médicos de la época, pero no logró salvarla.Un mes después su esposo, al que los padres de ella acusaron de casarse por interés, incapaz de sobrevivirla se quita la vida. Sus restos son traídos por expresa voluntad de ambos a Cuba, y hoy duermen en la necrópolis de Colón.
Desde 1924, el Parque Vidal la ve emplazada en bronce en uno de sus más íntimos parajes. Y yo, a la sombra majestuosa del Caridad, he visto pasar mis más hermosos días. Quizás porque sentarse a la sombra del Caridad es sentarme a su sombra. 




Esta es ella.

Si yo pudiera elegir, la elegiría a ella.  





No habrá música. No escuches esta noche otro sonido que el del tiempo que pasa.